El término despectivo guacho


 

LIV

En fechas recientes hablaba de un término del náhuatl que mantenía cierta marginalidad y que esto se hacía evidente por el uso restringido a ciertas clases sociales bajas y a que poco a poco ha sido suplantado por otras palabras propias del castellano. Ahora quiero hablar de otra palabra que pasa por una circunstancia similar pero que no procede de una lengua indígena mexicana, sino sudamericana. Me refiero al término guacho.

Al parecer este término es de origen quechua y del Perú pasó al resto de los países (en ese tiempo, posiblemente siglo XVII, virreinatos) hispanoamericanos. Por supuesto que cada región, colonia, virreinato, gobernación, etc. le fue dando un propio matiz según sus necesidades lingüísticas. Hoy hay diferencia en las opiniones y no pocas veces éstas son contradictorias. Eso sucede con la palabra que aludí líneas arriba. Me refería a chancaca. Respecto de ésta hay lingüistas que sostienen que la palabra es de origen sudamericano y nosotros encontramos que no es así, que la fuente más remota que es posible documentar es el diccionario del español al náhuatl de fray Antonio de Molina.

En el caso de guacho no me ha sido posible encontrar una fuente primaria pero la mayoría de las autoridades se inclinan por elegir que procede del quechua, sólo una lexicógrafa, María Moliner, sostiene que es una palabra surgida del náhuatl. Y no es difícil inferir eso porque el término (con significados diferentes) se usa en toda la geografía mexicana, pero es difícil sostener esta opinión porque la referencia de la aragonesa atribuye al origen a una supuesta palabra “huaccha” que por más que la he buscado me ha sido imposible encontrarla, y menos la he encontrado buscando a la inversa: partir del significado en español: pobre. En efecto, en el náhuatl existen muchas variantes para referirse a pobre pero ninguna, ni de lejos, se parece a esta hipotética palabra, así que no teniendo asidero por ningún lado la afirmación de Moliner, la tenemos que desechar.

Por lo tanto, no habiendo polémica o duda posible, aceptamos sin dificultad la opinión generalizada de que es una palabra peruana y que por cierto, está asociada en su raíz a otras lenguas, como el aimara o el mapuche.

En todos los casos el significado tiende a ser discriminatorio o por lo menos a aludir a una realidad de marginación. Ya muchos pensadores han señalado esta especie de racismo antiindígena, pues son las palabras de lenguas indígenas las que usamos en español para ser discriminadores o por lo menos, reprobatorios (escuincle-niño, chiche-seno, naco-incivil, etc.) Y si empezamos por nuestro país, el asunto es claramente así. Si el repaso lo hacemos por Sudamérica el resultado es casi el mismo.

Por ejemplo, en México hay dos grandes zonas en que el término tiene un sentido más o menos unificado: en el norte se dice con ella de alguien fuereño (del centro o del sur) que tiene además de su extranjería, la condición de corrupto, servil, abusivo e indio (para mal, pues se expresa desde una mentalidad criolla). Por el contrario, en el sur y el sureste guacho significa, también, foráneo, y también para mal, porque ese extraño es ignorante o ladrón o ambas cosas. Finalmente hay que decir que en casi todo el país se le usa como sinónimo despectivo de soldado, pero para mal. Es decir, nadie se atrevería a decirle en su cara guacho a un soldado.

Pero, me parece que este uso como sinónimo despectivo de militar no está asociado a la condición de abusivo, vil, fuereño, etc., sino más bien, empata con el sentido principal que tiene en Sudamérica: huérfano. Todos sabemos, y por eso es que no nos atreveríamos a decirle guacho a un militar porque es aludir a la herida que tanto pesa a los mexicanos: el no tener madre.

En efecto, en quechua esta palabra significaba inicialmente huérfano. Pero también indigente (que en nahual sería motolinía y no huaccha) y de ese origen primigenio los españoles lo llevaron y trajeron por toda nuestra geografía y entonces se utilizó, muy curioso pero que refuerza nuestra idea de que es un término discriminador, para la condición de ciertos animales, no para los humanos.

Así es como en Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay (dice el DRAE) se la utiliza para aludir a un becerro, por ejemplo, que ha perdido a su madre. Aunque también se la utiliza para referirse a un niño que no tiene madre. Y de ahí se extiende para otros sentidos, como lo es el hijo de una madre soltera. Por esto, por el sentido de ser el “hijo de una puta”, por el que nos inclinamos a pensar que su uso despectivo para militar en México se dice o se quiere decir esto último y también por esto es que en términos generales (aunque no tengamos la referencia explícita) no nos atrevemos a decirlo en su cara a un militar, y menos si se está discutiendo con él.

Finalmente, y para concluir la entrega de esta ocasión diremos que en ciertos lugares de Sudamérica se refiere la gente al último “cachito” de una serie de lotería y, como bien recordarán nuestros lectores mexicanos, acá, en nuestro país, a ese restante rectángulo del azar se le llama indefectiblemente “el huerfanito de la suerte”. ¿Por qué no le decimos “el guacho de la suerte”? Está muy claro por qué: no tiene un sentido despectivo sino más bien solidario o compasivo, y para nosotros esta palabra no puede ser sino despectiva, la utilicemos con uno u otro significado.







Comentarios

Entradas populares de este blog

Arcaísmos de la lengua española

Redundancias, pleonasmos, tautologías

Arcaísmos del sur de Jalisco. El caso de la palabra “cuarraco”