La expresión coloquial Minga
LV
En mi pueblo había una mujer
disminuida de sus facultades mentales. No era precisamente una indigente, pues
sólo ocasionalmente llegué a ver que pasara por el taller de mi padre, donde
siempre estuve yo durante mi infancia y mi adolescencia. El recuerdo que tengo
de ella no es de abandono y descuido, por lo contrario, limpia y vestida de
blanco. La apodaban Minga y aunque pasaba por ahí y le pedían que se
acercara para entretenerse y reírse perversamente de ella, nunca acudía.
Simplemente los ignoraba; a lo más, los insultaba con gestos y ademanes y
seguía su camino.
Supongo que no aceptaba las llamadas
porque le molestaba que se refirieran a ella por su apodo y no recuerdo sino
que le dijesen este mote; me imagino que se llamaba Dominga. Si alguna vez,
para que atendiera los convites, le dieron este u otro nombre, no lo sé, no lo
recuerdo, pero el hecho es que esta palabra, este hipocorístico me ha
acompañado a lo largo de mi vida.
No hace mucho me volví a encontrar
este término pero en un contexto muy diferente y con un sentido también muy
contrario al de un hipocorístico. Me puse a investigar y a continuación les
narro los resultados. Lo primero que hay
que decir es el hecho de que es un término homófono, es decir, que tiene los
mismos sonidos pero sus orígenes y significados son diferentes, como sucede con
la palabra libra que alude a un signo zodiacal, a una moneda y a una
medida de peso.
La explicación más curiosa, por no
decir exótica, es que en ciertas regiones de Argentina se le utiliza para negar
algo, en un contexto de charla y lo atribuyen al italiano mica. Eso me
parece imposible, porque no hay manera de pasar de la pronunciación mica
a pronunciar minga; pero todo es posible. Por otro lado, mica en
italiano no significa negación sino agradecimiento, así que yo la desecharía.
Supongo que tiene un sentido entre
grosero e insultante, que ese uso sí es
frecuente en Argentina y en otros países y que equivaldría al mexicano tu
madre. Es decir, a alguien se le ordena que haga cualquier cosa y el
interpelado responde entre indignado y majadero: minga, en México
responderíamos tu madre o que
lo haga tu madre.
De este lugar surge una pregunta
cuya respuesta me encontré en los diccionarios. Responder majaderamente minga
como sinónimo insultante de no lo hago, no lo haré, quizá proceda
de un significado vulgar de este término: minga también significa pinga,
y como muchos sabemos (vivamos o no en México) que tal término es el nombre
vulgar del pene. Repasemos. Una persona nos ordena majaderamente que hagamos algo,
nosotros, indignados le respondemos minga. Claro, con esa respuesta
hemos dicho no lo haré, pero también un insulto, pues hemos querido decir toma
tu minga y vulgarmente hemos dicho (sin decirlo) toma tu pinga.
También se suele asociar a esta
respuesta majadera un gesto hecho con el puño de la mano. Se ha hecho pasar el
dedo pulgar por entre el dedo índice y el cordial y se le muestra así, de mala
manera, al mandón, haciendo gestos y carantoñas. Pues bien, resulta que este
insulto hecho con los gestos y no con las palabras es de uso muy extendido, no
sólo entre los países hispanoparlantes sino también en muchos del Mediterráneo.
Este fenómeno lingüístico (decir minga
por pinga) es muy normal y muy frecuente, es una especie de
germanía, pues la persona, para no ser explícita y no ser vulgar, no dice el término
con toda su rotundez, sino que en algún momento, cambia los fonemas. Recuerdo
que la mamá de un amigo, apasionada como era con los juegos de cartas, su hijo
la provocaba lanzando una carta con la que le decía, con está te he matado,
ella, intensísima, tomaba la carta y le respondía: estupendo, cuando
todos sabíamos que le quiso decir es-tu-pedo. Por supuesto que el
resto de los presentes reíamos a mandíbula batiente porque la señora no se
dejaba intimidar y además le decía palabrotas a su hijo, sin decirlas.
Bien, ahora pienso (y me disculpo
por ir y venir una y otra vez a mis remotos recuerdos) ¿la disminuida de mi
pueblo entendía todo esto que acabo de explicar? Es decir, que cuando la
llamaban Minga, como una forma del vocativo ella pensaba en no lo
haré à pinga. Lo dudo, lo dudo por completo,
porque el término pinga con el sentido vulgar de pene prácticamente
es desconocido en nuestro país o por lo menos en el Occidente de México. Por lo
tanto, que ella coligiera que le habían dicho cara de pinga o eres
una pinga. Lo dudo mucho, me suena a imposible.
Sea como fuere, estamos en otro
atolladero: ¿de dónde nos llegó la palabra minga con significado de
negación o peor aún de pene? Imposible saberlo o por lo menos para mí. En ambos
casos la registran, tanto el DRAE como otros prestigiados lexicones, pero no
van más allá; sí se extienden en explicar, y con esto iremos terminando la
reflexión de esta ocasión, que minga procede del quechua y
significa alquiler de una persona para realizar determinada obra, también
significa labor comunitaria, lo que en México llamamos con una palabra náhuatl:
tequio. ¿Y mi pobre paisana? Pues que se quede allá con su hipotético hipocorístico de
Dominga, que no hay para dónde más moverle. Pues hasta aquí por hoy, muchas
gracias por su amable atención.

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