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Uso del adverbio "donde"

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  XIII Entendemos por cliché, en estos temas que nos ocupan, a aquellas fórmulas que se repiten cansinamente, que están vacías de sentido y que con frecuencia están asociadas a errores escriturales. Con el adverbio donde pasa esto. Tal partícula, junto con otros del mismo tipo (cual, cuando, como, cuanto) se les llama también adverbios relativos porque sirven, no tanto para calificar a los verbos (función natural de los adverbios), sino para relacionar don enunciados. Tal sucede con la expresión Cada día desfallecen las fuerzas de nuestro corazón, donde se aloja la satisfacción de nuestros apetitos . Como se puede observar, esta proposición se compone de dos oraciones, la primera podrías quedar así: Cada día desfallecen las fuerzas de nuestro corazón . La segunda podría ser: En el corazón se aloja la satisfacción de nuestros apetitos . El adverbio, como se puede observar, funcionó como elemento de engarce, además de que sustituyó, en la segunda, al sustantivo (el lugar) corazón. ...

El género de las palabras

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XII En fechas recientes leí en una nota periodística la siguiente frase: “no estar tratado el agua”. De momento me extrañó la construcción y me quedé repasándola en la mente. Quizá lo que primero me llamó la atención fue la ausencia de verbo conjugado; se utilizan dos verboides pero se omite, casi deliberadamente, el utilizar un tiempo determinado, luego me di cuenta de que también era un problema el género en el participio (tratado). Como lo podrá observar el lector, son de esos verbos impersonales que tanto se han adjetivado que admiten género y número como cualquier otro adjetivo, cosa que no es natural en el verbo. En fin, ya sabemos que el lenguaje periodístico tiene en su contra el que la redacción no suele ser muy escrupulosa porque el oficio siempre tiene prisa, siempre demanda nuevas notas. Esto, que no era tan grave antes de la era del internet, hoy es un problema endémico en todas las redacciones, inclusive, en la de los periódicos más prestigiados. No hablaré ahora de los...

Buenas y malas palabras

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  XI Un amable lector me hacía ver que en mi última colaboración había yo dicho entre líneas que es válido insultar a otras personas. Y me pedía que deslindara mi posición al respecto, que si desde una perspectiva de la corrección es válido usar palabrotas. En efecto, releí mi texto y no puedo sino aceptar tal aserto, creo que dije indirectamente que está bien que insultemos a otra persona. Pido disculpas por tal desaguisado. En la teoría soy como Gandhi; en la práctica cotidiana (subiendo o bajando las escaleras del metro en la ciudad de México) reconozco que no me he podido contener de insultar a algún impertinente que a su vez me había insultado. No. Mal, muy mal. Pero es necesario decir que en términos lingüísticos no hay buenas ni malas palabras, o no en el sentido en como lo decimos cotidianamente o como una madre le enseña a su hijo que no debe decir ciertas palabras porque son malas. Por cierto, recuerdo que un hermano mío le insistía a su esposa que no le prohibieran a su ...

Discriminación y racismo en la lengua

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X La discriminación social o racial, o ambas, me parece, son de rango universal y en todas las culturas existe este desprecio (quizá velado temor) por el otro, ya sea por fuereño ya por desposeído. Es como decirle: “no eres como yo y eso es malo para ti; bueno fuera que te mimetizaras a mi grupo, pero como eso no es posible, me gustaría que desaparecieras o mejor aún, yo mismo fulminarte”. Esta condición subyace en las culturas, y las respectivas lenguas reflejan y reproducen esa discriminación. No es que el habla por sí misma sea racista o sexista o machista o misógina; es la sociedad en cuestión la que utiliza tal o cual lengua la que lo es. Las lenguas muestran lo que las sociedades son. Por ello es que hay expresiones en el español (y también en el inglés o en el náhuatl) que son racistas o sexistas, pero no al revés. El español per se (y lo mismo el náhuatl o el inglés) no es racista o machista, aunque haya sociólogos de pacotilla que lo afirmen; no saben de lo que hablan. Por ...

Las malas influencias

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Usos erróneos y ultracorrección en nuestro léxico  IX         En términos generales, el español que usamos en México es de muy buena factura. El léxico, las construcciones sintácticas y la realización del habla de la mayoría de los mexicanos goza de cabal salud y hunde sus raíces en el español castizo que nos fijó por primera vez Elio Antonio de Nebrija en los albores del Renacimiento.  No obstante, como todas las hablas y los idiolectos concretos, padecemos algunos vicios que afean de vez en vez nuestra concreción de la lengua. Por ejemplo, los mexicanos abusamos del pronombre “le” y siempre se lo ponemos a casi todos los verbos, aunque no venga al caso (cómprale, dígale, saludarle, óigale, súbale, etc, etc). Otra piedra en nuestro zapato es el uso abusivo de los diminutivos; en el lenguaje –como en la tecnología los japoneses–, todo lo hacemos y lo queremos pequeño; es canónico de estos ejemplos el famoso “ahorita” por ahora mismo y el atroz “ahoritita” ...

Escribir no es como hablar

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VIII Hace años una colega que impartía clases de historia me comentaba que ella, cuando veía que los alumnos tenían dificultades para escribir con corrección los ensayos que les pedía, les sugería como alternativa que, antes de empezar a escribir, pensaran lo que dirían y que se imaginaran que se lo iban a contar a un familiar, a su abuelita, quizá. Si procedían de esa manera, como si el ensayo fuese una narración oral, el texto que produjeran muy probablemente tuviera menos errores. En ese tiempo yo no tenía una opinión al respecto y aunque algo sentía que no estaba bien en esa recomendación, pasaba para mí como una de las tantas charlas del salón de profesores, que casi siempre son chispeantes y a la velocidad del relámpago porque siempre estamos los docentes corriendo de un salón a otro. Hoy por hoy, con la mucha experiencia que he acumulado en más de treinta años de impartir cursos de redacción y temas afines, estoy convencido que esa opinión no tiene sustento alguno y que, por el ...

¿Por qué escribimos México con x y no con jota?

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En el ombligo de la luna , es la traducción más universalmente aceptada de la palabra México   VII   Cuando un mexicano viaja por España le sorprende que, si se encuentra escrito el nombre de nuestro país, allá lo hacen casi indefectiblemente con “j” y no con “x”. Incluso, en una ocasión vi que un español corrigió a un mexicano por haberse atrevido a escribir México a nuestra usanza; tachó la equis y al lado puso una jota. Más aún, diría que a muchos españoles entre que les desconcierta y hasta les molesta que procedamos así, como si violentáramos con ello el manual de ortografía de la RAE. He tratado de explicarme por qué les incomodará eso y aunque no tengo una respuesta del todo que me satisfaga, sí identifico en mí un sentimiento que de seguro es equivalente al que digo cuando veo la paja en el ojo ajeno. Se me hace fatigoso escuchar a un español (o argentino, que ellos también lo suelen hacer) pronunciar Texas (Tecsas) y no Tejas. Y lo mismo sucede en los noticieros. ...