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¿Vaso de agua o vaso con agua?

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XVII  Ya hemos aludido en otras ocasiones en qué radica el fenómeno llamado ultracorrección. Enunciémoslo pues, sólo brevemente. Todo consiste en que en una ojeada alguna construcción lingüística nos parece equívoca o por lo menos mejorable y entonces proponemos otra que remarca las intenciones de lo muy correcto; por desgracia, casi como una maldición, la mejora (supuesta) que se propone suele ser tan alambicada que mete el pie en el lodazal y justo hace lo que trata de evitar. Por desgracia, con frecuencia sucede que no hay nadie cercano que nos advierta del dislate casi risible o risible sin duda, en que se cae. Eso sucede con vaso con agua . Colegas he tenido que sostienen fervorosamente que lo correcto es vaso con agua y que es propio del habla chulapona decir vaso de agua . Escandalizado, pero sin atreverme a enmendar el dislate de aquel compañero equivocado me digo: “¡Madre mía, si un día un alumno tiene la duda y se lo pregunta…! Pues claro, sucederá lo que sucede en estos...

¿Se piden o se dan disculpas?

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XVI   Los que vivimos en la zona central del país, cuando viajamos por el sureste de nuestra patria nos sorprende que por aquellos estados (Yucatán, Quintana Roo) muchas personas hacen ciertas construcciones al revés (semánticamente hablando) de lo que quieren decir y no es extraño escuchar a una persona decir “te presto cien pesos” cuando en realidad quiere decir “préstame cien pesos”. Muchos se admiran y se ríen de tal fenómeno, pero no captan que esta curiosa construcción se puede dar en cualquier lugar y nadie está a salvo de resbalar en esta casa del jabonero que es el uso de la lengua. Todos estamos expuestos a las pifias. Por ejemplo, en la ciudad de México se suele decir al revés la construcción “Se da pensión nocturna” refiriéndose a automóviles que necesitan ser encerrados por las noches para que no sean robados y dicho mensaje se puede leer en los estacionamientos públicos. Pues bien, nadie o casi nadie reflexiona que la construcción fue dicha al revés, pues en realidad ...

El mexicanísimo: "Se los dije"

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XV En algunas ocasiones hemos hecho el elogio del buen español de que hacemos uso los mexicanos, pero en esta ocasión hablaremos de un vicio muy nuestro: confundir el plural en el pronombre lo en determinado contexto. Diremos de entrada el problema y luego lo explicaremos, porque estoy convencido de que a algunos lectores nuestros les parecerá tan extraño que no podrán creer de que es un error, de tan introyectado que está en nuestro ser. Pensemos el siguiente escenario. Advierto yo que por lo nublado del cielo, no se puede inferir sino que se aproxima un ciclón a las costas del sur de Jalisco. Así lo comento con algunos amigos, pero éstos desconfían de mi intuición meteorológica y niegan tal posibilidad. En efecto, se viene la lluvia y al día siguiente los periódicos y demás medios anuncian la llegada de un ciclón a nuestras costas desde el día anterior. Yo me encuentro a los incrédulos amigos, y mientras les muestro la prensa digo admonitoria y petulantemente: se los dije . Pues bie...

Neologismos del español en otras lenguas: macho/machismo

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XIV El español ha dejado en otras lenguas algunas palabras que éstas han precisado de tal novedad pues su léxico no las contemplaba. Eso es un proceso normal y frecuente. Todas aquellas lenguas que están en contacto constante hacen este tipo de intercambios. Por la presencia generalizada del inglés en la vida moderna, esta lengua presta palabras a nuestra lengua con mucha frecuencia. Un fenómeno muy notorio es la palabra ok (oquei), que prácticamente ha pasado a toda lengua moderna. En el caso de préstamos del español a otras lenguas mencionemos tres que están más o menos universalizadas: liberal, guerrilla, macho . Las dos primeras se generalizaron en inglés, francés o alemán, en el siglo XIX. Fenómeno más reciente (propio del siglo XX) es el préstamo que hicimos de la palabra macho . De ella hablaremos en esta ocasión. Esta palabra evolucionó del latín masculus . Duplicó su uso, pues en el español actual tenemos la evolución macho y el cultismo masculino . Por otro lado, ha sido muy...

Uso del adverbio "donde"

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  XIII Entendemos por cliché, en estos temas que nos ocupan, a aquellas fórmulas que se repiten cansinamente, que están vacías de sentido y que con frecuencia están asociadas a errores escriturales. Con el adverbio donde pasa esto. Tal partícula, junto con otros del mismo tipo (cual, cuando, como, cuanto) se les llama también adverbios relativos porque sirven, no tanto para calificar a los verbos (función natural de los adverbios), sino para relacionar don enunciados. Tal sucede con la expresión Cada día desfallecen las fuerzas de nuestro corazón, donde se aloja la satisfacción de nuestros apetitos . Como se puede observar, esta proposición se compone de dos oraciones, la primera podrías quedar así: Cada día desfallecen las fuerzas de nuestro corazón . La segunda podría ser: En el corazón se aloja la satisfacción de nuestros apetitos . El adverbio, como se puede observar, funcionó como elemento de engarce, además de que sustituyó, en la segunda, al sustantivo (el lugar) corazón. ...

El género de las palabras

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XII En fechas recientes leí en una nota periodística la siguiente frase: “no estar tratado el agua”. De momento me extrañó la construcción y me quedé repasándola en la mente. Quizá lo que primero me llamó la atención fue la ausencia de verbo conjugado; se utilizan dos verboides pero se omite, casi deliberadamente, el utilizar un tiempo determinado, luego me di cuenta de que también era un problema el género en el participio (tratado). Como lo podrá observar el lector, son de esos verbos impersonales que tanto se han adjetivado que admiten género y número como cualquier otro adjetivo, cosa que no es natural en el verbo. En fin, ya sabemos que el lenguaje periodístico tiene en su contra el que la redacción no suele ser muy escrupulosa porque el oficio siempre tiene prisa, siempre demanda nuevas notas. Esto, que no era tan grave antes de la era del internet, hoy es un problema endémico en todas las redacciones, inclusive, en la de los periódicos más prestigiados. No hablaré ahora de los...

Buenas y malas palabras

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  XI Un amable lector me hacía ver que en mi última colaboración había yo dicho entre líneas que es válido insultar a otras personas. Y me pedía que deslindara mi posición al respecto, que si desde una perspectiva de la corrección es válido usar palabrotas. En efecto, releí mi texto y no puedo sino aceptar tal aserto, creo que dije indirectamente que está bien que insultemos a otra persona. Pido disculpas por tal desaguisado. En la teoría soy como Gandhi; en la práctica cotidiana (subiendo o bajando las escaleras del metro en la ciudad de México) reconozco que no me he podido contener de insultar a algún impertinente que a su vez me había insultado. No. Mal, muy mal. Pero es necesario decir que en términos lingüísticos no hay buenas ni malas palabras, o no en el sentido en como lo decimos cotidianamente o como una madre le enseña a su hijo que no debe decir ciertas palabras porque son malas. Por cierto, recuerdo que un hermano mío le insistía a su esposa que no le prohibieran a su ...

Discriminación y racismo en la lengua

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X La discriminación social o racial, o ambas, me parece, son de rango universal y en todas las culturas existe este desprecio (quizá velado temor) por el otro, ya sea por fuereño ya por desposeído. Es como decirle: “no eres como yo y eso es malo para ti; bueno fuera que te mimetizaras a mi grupo, pero como eso no es posible, me gustaría que desaparecieras o mejor aún, yo mismo fulminarte”. Esta condición subyace en las culturas, y las respectivas lenguas reflejan y reproducen esa discriminación. No es que el habla por sí misma sea racista o sexista o machista o misógina; es la sociedad en cuestión la que utiliza tal o cual lengua la que lo es. Las lenguas muestran lo que las sociedades son. Por ello es que hay expresiones en el español (y también en el inglés o en el náhuatl) que son racistas o sexistas, pero no al revés. El español per se (y lo mismo el náhuatl o el inglés) no es racista o machista, aunque haya sociólogos de pacotilla que lo afirmen; no saben de lo que hablan. Por ...

Las malas influencias

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Usos erróneos y ultracorrección en nuestro léxico  IX         En términos generales, el español que usamos en México es de muy buena factura. El léxico, las construcciones sintácticas y la realización del habla de la mayoría de los mexicanos goza de cabal salud y hunde sus raíces en el español castizo que nos fijó por primera vez Elio Antonio de Nebrija en los albores del Renacimiento.  No obstante, como todas las hablas y los idiolectos concretos, padecemos algunos vicios que afean de vez en vez nuestra concreción de la lengua. Por ejemplo, los mexicanos abusamos del pronombre “le” y siempre se lo ponemos a casi todos los verbos, aunque no venga al caso (cómprale, dígale, saludarle, óigale, súbale, etc, etc). Otra piedra en nuestro zapato es el uso abusivo de los diminutivos; en el lenguaje –como en la tecnología los japoneses–, todo lo hacemos y lo queremos pequeño; es canónico de estos ejemplos el famoso “ahorita” por ahora mismo y el atroz “ahoritita” ...